jueves, 7 de mayo de 2009

¿Cuanto amas a tus hijos?

Para "padres de cartón"

Hace unos días pegué este papel en la puerta del jardín. Alguien lo arrancó rápido, seguramente porque le dolió verse en el espejo de su propia desidia. Pero como las verdades no se borran con un tirón, acá se las dejo de nuevo, a ver si esta vez les da el cuero para leer hasta el final.

Todos se llenan la boca hablando de amor. Dicen que por sus hijos "dan la vida", que son "lo más sagrado". Los bañan, les cepillan los dientes para que no tengan caries, les compran el jarabe caro cuando tosen y se desvelan si tienen una línea de fiebre. ¡Qué padres ejemplares! Se merecen un aplauso por cumplir con el manual básico de supervivencia.

Pero déjense de joder.

Ese amor de redes sociales y de fotito de domingo se termina en la vereda. Porque después de ponerle la bufanda para que no se resfríe, los veo:

Suben a un pibe de cuatro años a una moto, como si fuera un bulto, sin casco, confiando en que "Dios es grande" o en que "son solo unas cuadras".

Los tiran en el asiento de adelante del auto, sueltos, para que jueguen a que manejan o para que miren por el vidrio, transformando el parabrisas en la guillotina que los va a decapitar ante el primer frenazo a 40 km/h.

¿Eso es amor o es que les da paja ser responsables?

No me vengan con la pobreza ni con la falta de recursos. La pobreza no te quita el sentido común. Si tenes para la nafta o para el plan del celular, tenes para cuidar la vida. Llevar a un hijo suelto en un vehículo no es una necesidad, es una ruleta rusa donde el nene pone la cabeza y ustedes aprietan el gatillo por pura comodidad o ignorancia voluntaria.

Son hipócritas. Les preocupa que el chico coma fruta orgánica pero no les importa que vuele por el aire en la próxima esquina. Se escandalizan por un moretón en el recreo pero los exponen a una muerte violenta y estúpida todos los días a las ocho de la mañana.

Protección no es comprarle la zapatilla de marca; es no ser el verdugo de tu propio hijo por un exceso de confianza estúpido.

Después no quiero ver velorios con globos blancos. Después no quiero ver posteos llorando "un angelito que se fue al cielo". Si se muere por tu negligencia, no fue el destino, no fue Dios, ni fue la mala suerte. Fuiste vos.

Atentamente,

Un padre que prefiere ser un "exagerado" insoportable antes que un hipócrita que llora sobre un cajón que él mismo ayudó a cerrar.