No sabía qué hora era, pero soñar que estaba en un baño y no se me iban nunca las ganas de orinar fue motivo más que suficiente para despertarme.
Al otro lado de la carpa —una de estilo canadiense, hábilmente diseñada con bolsas de papas que por dentro llevaban ese nailon en el que vienen envueltas las heladeras; costuras en tanza del 30, cumbrera y parantes de tacuara, todo artesanalmente realizado por las manos de quien se encontraba a mi lado— mi compadre, mi amigo, mi hermano, mi padrino y un poco mi papá… el "Loco" López, dormía a pata ancha.