Anoche, mientras el humo y el sabor del asado se mezclaba con el aire frío de la noche y las risas de amigos de la infancia llenaban los huecos de treinta años de ausencia, Javier soltó una bomba de esas que no hacen ruido, pero te dejan sordo un buen rato:
"De la nada no soy nada y, sin embargo, en la nada lo soy todo".

