viernes, 14 de agosto de 2026

CUENTAS PENDIENTES...

 ...el miedo a irnos sin decirnos nada.

Algunos dicen que la vida es un suspiro, otros que es un viaje o que pasa volando. Están los que dicen que te pone a prueba, que te enseña, o que por algo pasan las cosas. Hay tantas frases respecto a lo que es la vida en sí... pero la vida es, en realidad, esa etapa que transcurre desde que nacemos hasta que morimos; nada más que eso. La vida ni pasa, ni nos prepara, ni nos hace esto o aquello. La vida es eso. Somos nosotros los que decidimos qué hacemos con ella, qué legado dejamos, cómo actuamos, lo que hacemos, lo que decimos y lo que dejamos de hacer.

domingo, 9 de agosto de 2026

El rastro de nuestros amores...

(o La huella imborrable del amor cotidiano...)

Tengo pelitos blancos en mi ropa y en mi calzado. Se pegan a mi saco negro de trabajo antes de salir a la calle, flotan en la casa y en mi pieza principalmente, y cubren, con una presencia perezosa diría, las plantillas de mis zapatillas favoritas. Quién no conozca la vida en común con un animal dirá que es descuido; quien entienda de amor sabrá que es la firma cotidiana de un pacto invisible.

sábado, 1 de agosto de 2026

Leyes de la frustración eléctrica


(Manual sociológico del sujeto que reniega por vocación)

Decía Jorge (mi sabio profesor de la materia) que, si a un hombre no le gusta renegar, bajo ninguna circunstancia debe dedicarse a la electricidad. Tenía razón. El electricista no trabaja únicamente con la ley de Ohm, los voltios o la corriente alterna; trabaja, fundamentalmente, contra una fuerza oscura y metabólica denominada Entropía Doméstica.

El cliente cree que el oficio consiste en conectar un cable con otro. Desconoce que la verdadera profesión es un ejercicio de templanza casi budista donde el oficial combate a diario contra leyes físicas que no figuran en ningún manual de la UTN.

domingo, 26 de julio de 2026

Entre la aprobacion y la certeza...

 Sobre la necesidad de ser leído y la búsqueda de una voz propia

A veces me descubro mirando la pantalla esperando que alguien me diga que lo que escribí vale la pena, y me pregunto por qué me pesa tanto esa mirada ajena. Al final, es una paradoja extraña: escribo en el silencio y en la intimidad más absoluta, pero en cuanto pongo el punto final, nace un deseo desesperado de salir a mostrarlo y buscar aprobación.

sábado, 25 de julio de 2026

Ensayo sobre la degradación semántica del afecto

 (O el catálogo inevitable del bochorno cariñoso)

Hay un misterio ontológico que la ciencia aún no ha logrado descifrar del todo: ¿cómo un sujeto adulto, instruido, capaz de pagar sus impuestos, votar con criterio y redactar correos electrónicos con sujeto y predicado, es capaz de reducir su léxico a un balbuceo simio en cuanto se enamora?