Con el paso de los años, te das cuenta de que jamás nadie te va a querer tanto, ni te va a necesitar tanto, como VOS MISMO.
Idealizamos —y ahí está el inicio del problema— las relaciones. Tenemos ese romanticismo impuesto incluso en el vínculo con nuestras propias madres. No hablo de complejos psicológicos, sino de algo cultural: la literatura y el cine nos vendieron un "kit de supervivencia emocional" basado en figuras externas. Nos enseñaron que la validación y el refugio definitivo vienen de "el otro" (El mito de la "Madre Incondicional").