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lunes, 19 de octubre de 2026

40 minutos...

 

La humedad del Paraná no te avisa, se te mete por la boca cuando respirás y te va enfriando el esternón de a poco, como una cucharada de helado de invierno.

A las siete de la tarde en Santa Fe, la noche ya es una chapa negra clavada sobre el cielo. Marcos se acomodó la campera de abrigo, una gris, gastada en los puños, y sopló sobre los nudillos antes de cerrar la planilla de Excel. No era tipo de quedarse a hacer horas extras, pero le habían tirado encima las liquidaciones complementarias y sabía que, si las dejaba para el otro día, la mañana le iba a pasar por encima.

lunes, 5 de octubre de 2026

La Joya de Analía...

 

Bajo la sombra espesa del monte misionero, verla frenaba el tiempo. Analía tenía esa belleza que rompía cualquier molde, marcada por un contraste difícil de olvidar: la piel canela, dorada por el sol de la siesta y teñida de la tierra roja; los pómulos marcados y una melena de rizos rubios ceniza que le caía sobre los hombros con gracia silvestre. Pero lo que atrapaba de verdad era la mirada: dos ojos rasgados, profundos —de un azul o un verde casi translúcido, dependiendo el tiempo— donde convivían el orgullo, la ingenuidad y una serenidad única.

lunes, 28 de septiembre de 2026

Cero Negativo

 

El frío de la madrugada se colaba por las rendijas de los ventanales de la guardia, trayendo consigo el olor a humedad y a desinfectante barato. El doctor Marcelo Olivera, con los ojos ardiendo por el cansancio y los brazos cruzados sobre la mesa del office, miraba fijamente el café frío en su taza de plástico.

A sus cuarenta y cinco años, Marcelo era la sombra de lo que alguna vez prometió ser. Una década atrás, antes de que la impunidad y la botella quebraran su matrimonio y su carrera en el Hospital Central, su nombre sonaba para las grandes ligas de la cirugía cardiovascular. Hoy, sus manos —temblorosas fuera del quirófano, pero todavía precisas bajo la luz fría de aquel lugar— solo servían para coser borrachos, reparar cortes de peleas callejeras y firmar certificados de guardia en un nosocomio de periferia abandonado por la mano de Dios.

sábado, 26 de septiembre de 2026

La guardia del hijo...

 

 (Crónica de un texto prestado)

A los 52 años, uno cree que ya aprendió a nombrar las pérdidas. Se supone que la escritura sirve para eso: para domesticar el dolor, para darle un orden a lo que se rompe por dentro. Pero cuando se te va el amigo de toda la vida —el hermano con el que compartiste la juventud, los códigos, las batallas y los años—, las palabras se vuelven pesadas, torpes, insuficientes.

En medio de ese silencio irrumpe un audio de quince minutos. Es el "Pichón". Habla con la voz quebrada, entre el sollozo aguantado y la dignidad intacta de los hombres de fuerza. Me llama "tío" y me pide ayuda. Quiere que le arme unas líneas para leérselas a su viejo en el cementerio, este 28, cuando se cumpla el primer mes. Me entrega sus recuerdos en bruto, como quien descarga un morral lleno de piedras y tesoros sobre la mesa.

martes, 22 de septiembre de 2026

Seguimos sin entender demasiado...

 ...memorias de un País que se nos escapa

Nací en 1974, bajo la presidencia de María Estela Martínez de Perón, a tan solo 14 días de haber asumido como tal, luego de la muerte de su esposo. Entre el 24 al 29 de Marzo del 76, bajo la presidencia de la junta de gobierno, integrada por Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti.

Desde Marzo del 79 a Marzo del 81 el presidente fue Jorge Rafael Videla… y recién ahí empezaba a ver, o prestar atención a las imágenes de desfiles militares, un señor serio y de bigotes hablándole a la cámara en (ahora entiendo) cadena nacional. Pero no entendíamos (al menos mis amigos de entonces y yo) nada de nada. Tan solo pretendíamos jugar todo el día.