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sábado, 31 de octubre de 2026

Jalogüín

No se sabe bien quen jué que lo empezó. Algunos dicen que jué el Bartolo Gomítolo que lo andaba patabolziando al Gordo "mojarrita" Vazquez (que le dizen ansí porque hay que apretarle la panza pa' que le salte la tripa), algunos asiguran que jué el hijo mayor 'e los Mendieta que andaba adquiriendo algunas aves de corral, aprovechando el descuido de sus propietarios y amparado por la escuridá de la noche noturna... (¡taba choriando gayinas bah!).

 

sábado, 24 de octubre de 2026

Error y Culpas? 2

(algunos dirán que es cuento.... otros, "anécdota")     

 

En colaboración con Martino Núñez (el ñuñi) buen amigo, GRAN COLEGA HOTELERO, un escritor sublime (y el muy pavo no quiere darse a conocer), un cantor PÉSIMO (sorry ñuñi...alguien tiene que decírtelo)... y sobre todas las cosas...UNA GRAN PERSONA.

 

 

El teléfono de las tres de la tarde 

 

Hay apellidos que son una trampa de la estadística. Gómez, en el Río de la Plata, es uno de ellos: una multitud anónima amparada bajo cinco letras.

Aquella tarde de primavera, la casualidad decidió jugar una partida de ajedrez maquiavélica en la recepción de un hotel céntrico.

La señora Gómez —uruguaya, de paso por la ciudad— había llegado temprano el día anterior. Como su habitación individual no estaba lista, en recepción le ofrecieron pasar la primera noche en una suite matrimonial de la tercera planta, la 3217. A la mañana siguiente, la mujer mudó sus valijas a la 1013, su habitación definitiva. La 3217 quedó libre solo por un par de horas: pasado el mediodía, un matrimonio recién llegado —casualmente, el señor y la señora Gómez— ocupó esa misma suite.

Error y Culpas? (1)

 (algunos dirán que es cuento.... otros, "anécdota")     

 

En colaboración con Martino Núñez (el ñuñi) buen amigo, GRAN COLEGA HOTELERO, un escritor sublime (y el muy pavo no quiere darse a conocer), un cantor PÉSIMO (sorry ñuñi...alguien tiene que decírtelo)... y sobre todas las cosas...UNA GRAN PERSONA.

 

 

El despertador de las siete

Hay mañanas en las que el destino parece armarse con fichas de dominó: basta que caiga la primera para que todo lo demás se desmorone a tumba abierta.

Martín tenía a las once de la mañana, en Rosario, la entrevista que venía persiguiendo hacía tres años. La oportunidad que lo sacaría a flote. Santa Fe lo despedía con una noche fría de hotel y una planificación milimétrica de esas que solo hacen los obsesivos del reloj:

Calculó: hora y media de autopista, media hora para encontrar estacionamiento en el centro rosarino y otra media hora de margen "por cualquier inconveniente".

lunes, 19 de octubre de 2026

40 minutos...

 

La humedad del Paraná no te avisa, se te mete por la boca cuando respirás y te va enfriando el esternón de a poco, como una cucharada de helado de invierno.

A las siete de la tarde en Santa Fe, la noche ya es una chapa negra clavada sobre el cielo. Marcos se acomodó la campera de abrigo, una gris, gastada en los puños, y sopló sobre los nudillos antes de cerrar la planilla de Excel. No era tipo de quedarse a hacer horas extras, pero le habían tirado encima las liquidaciones complementarias y sabía que, si las dejaba para el otro día, la mañana le iba a pasar por encima.

lunes, 5 de octubre de 2026

La Joya de Analía...

 

Bajo la sombra espesa del monte misionero, verla frenaba el tiempo. Analía tenía esa belleza que rompía cualquier molde, marcada por un contraste difícil de olvidar: la piel canela, dorada por el sol de la siesta y teñida de la tierra roja; los pómulos marcados y una melena de rizos rubios ceniza que le caía sobre los hombros con gracia silvestre. Pero lo que atrapaba de verdad era la mirada: dos ojos rasgados, profundos —de un azul o un verde casi translúcido, dependiendo el tiempo— donde convivían el orgullo, la ingenuidad y una serenidad única.