domingo, 30 de agosto de 2026

Piso 13

 

El viento del sur entró de golpe a eso de las cinco de la tarde, trayendo ese tufo a humedad y río que suele enfriar la Capital antes de la lluvia. En el piso trece, Ismael López Cardozo no sintió el cambio de aire ni el silbato de salida. El martillo neumático de una obra le había dejado años atrás un zumbido constante en el oído izquierdo; para amortiguarlo, escuchaba la radio con unos auriculares pegados a las orejas con cinta aisladora y encajados bajo la presión de sus orejeras antiruido. 

Bloqueaba así el sonido exterior mientras trabajaba dándole la espalda al vacío de la losa. Cuando apoyó la cuchara sobre el balde de mezcla para limpiarla con la espátula, notó que la sombra del edificio vecino ya cubría la mitad de la planta. Se sacó las orejeras junto con los auriculares. Abajo no había gritos de peones, ni el rechinar de la mezcladora, ni el retumbo de las camionetas. Nadie…

sábado, 29 de agosto de 2026

PELUSA...

 

Hoy te despedí. Y mientras a mi alrededor algunas personas buscaban gestos grandilocuentes o llantos para la foto, yo preferí refugiarme en el silencio de todo lo que fuiste para mí.

En momentos así, donde el ruido y las posturas ajenas intentan ocupar un lugar que no les pertenece, me doy cuenta de que la gratitud real no necesita tribuna. Nosotros no necesitamos discursos de última hora; nos alcanzó con aquella tarde de sábado, con el abrazo apretado, con la certeza mutua de habérnoslo dicho todo a tiempo.

miércoles, 26 de agosto de 2026

YO... según mi amiga Victoria

 
Tengo una amiguita de visita en mi trabajo, que me ha obsequiado su arte...
 
completamente fascinado con ello...
 
GRACIAS VICKY!!!! 
 
 
 
 
 
 
y la IA Copilot le acaba de poner color 
 

 

 

 

domingo, 23 de agosto de 2026

Apariencias digitales...

 (Escenógrafos de nuestra propia falsa vida)

 Ayer, estaba pensando en aquella gente que quiere "aparentar" una realidad que no viven, (se ve muchísimo, y principalmente en las redes sociales).

Aparentar significa mostrar o hacer creer algo que no es real. Según el Diccionario de la lengua española, (eso en la RAE, en mi pueblo se le llama querer “c…r” más alto que el “c…o”).

jueves, 20 de agosto de 2026

El ultimo beso...

 ...o "el peso de las ultimas veces".

 

Nos pasamos la vida ignorando una verdad incómoda: la existencia está tejida de pequeñas y silenciosas "últimas veces". Hubo un día en que dejamos de jugar en la calle, un momento exacto en que abrazamos a alguien por última vez sin saberlo, o una tarde en que compartimos una risa que ya no volverá a repetirse. Vivimos con la arrogante certeza de que las personas y las rutinas estarán siempre ahí, hasta que el tiempo (implacable y sin avisar) nos demuestra lo contrario, dejándonos atrapados en el peso del arrepentimiento por lo que no dijimos, por la prisa con la que nos fuimos o por el abrazo que dimos por sentado.

Hay actos que repetimos por pura costumbre hasta que, de pronto, la conciencia de nuestra propia fragilidad los transforma en un altar.

Cada mañana, antes de cruzar la puerta de mi casa, me acerco adonde esté de mi pareja (generalmente durmiendo a esa hora) y le doy un beso. Me agacho un segundo, acaricio a mi gato y le dejo otro. Es un gesto de apenas unos segundos, pero en ese breve instante se concentra todo mi universo.

El mundo moderno nos enseña a vivir en el futuro, atrapados en la ilusión de que el mañana es una garantía y no un préstamo. Planeamos semanas, proyectamos años y damos por sentado que siempre habrá un regreso. Sin embargo, la vida me ha enseñado (en un golpe casi filosófico) que la existencia está llena de últimas veces invisibles: el último abrazo a un amigo, la última caminata bajo una lluvia de verano, la última conversación sin apuro. El problema no es que las cosas terminen, sino que casi nunca nos avisan cuándo está ocurriendo...

Por eso, ese beso dejó de ser una rutina para convertirse en un ritual. No lo doy desde el temor o la paranoia de lo que pueda pasar afuera, sino desde la gratitud profunda por lo que tengo adentro. Al rozar su piel con mis labios y al sentir el afecto sincero de mi compañero de cuatro patas, estoy firmando un pacto con el presente. Le estoy ganando de mano al olvido y a la prisa.

Salir a la calle es internarse en el azar. No sabemos qué nos depara el día, ni si el destino respetará nuestros planes. Pero me voy tranquilo: si el azar decidiera que hoy no hay regreso, sé que mi último acto no fue la prisa ni la indiferencia, sino el amor entregado de forma consciente. 

 

En ese beso cotidiano, sin saberlo, ya nos hemos dicho todo.