(o La huella imborrable del amor cotidiano...)
Tengo pelitos blancos en mi ropa y en mi calzado. Se pegan a mi saco negro de trabajo antes de salir a la calle, flotan en la casa y en mi pieza principalmente, y cubren, con una presencia perezosa diría, las plantillas de mis zapatillas favoritas. Quién no conozca la vida en común con un animal dirá que es descuido; quien entienda de amor sabrá que es la firma cotidiana de un pacto invisible.