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martes, 3 de noviembre de 2026

Cosas para mi...



Hay una soledad particular que no tiene nada que ver con estar solo en una habitación. Es esa soledad que se mete entre dos personas que comparten el mismo techo, la misma mesa y los años.

Se siente como un nudo apretado en la boca del estómago. Una mezcla amarga de gratitud y desencanto. Porque no es fácil soltar cuando sabés que del otro lado hay alguien noble, alguien que estuvo firme en la tormenta más oscura y te sostuvo la mano cuando el mundo se te venía abajo. Eso se guarda y se respeta.

Pero el problema es el día a día. El problema es descubrir, con el tiempo, que la independencia feroz del otro terminó convertida en una muralla donde tus necesidades no entran. 

Duele que te marquen de que sos apenas un visitante en la propia casa. Duele que el único fin de semana de descanso sea un silencio largo en una casa vacía. Duele un cumpleaños en soledad, el secreto guardado y tener que enterarse por otros, y la certeza masticada de que tus sentimientos no alcanzan para mover una sola ficha del tablero ajeno.

Es la angustia de estar remando un bote solo, sabiendo que el otro decide no cambiar ni por vos ni por nadie, mientras las ganas de estar bien se van ahogando en la resignación. 

No es enojo ciego; es el cansancio profundo de quien dio, esperó, entendió y perdonó, hasta quedarse sin aire....

Que día de mierda....  

 

 

 



 

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sábado, 24 de octubre de 2026

Error y Culpas? 2

(algunos dirán que es cuento.... otros, "anécdota")     

 

En colaboración con Martino Núñez (el ñuñi) buen amigo, GRAN COLEGA HOTELERO, un escritor sublime (y el muy pavo no quiere darse a conocer), un cantor PÉSIMO (sorry ñuñi...alguien tiene que decírtelo)... y sobre todas las cosas...UNA GRAN PERSONA.

 

 

El teléfono de las tres de la tarde 

 

Hay apellidos que son una trampa de la estadística. Gómez, en el Río de la Plata, es uno de ellos: una multitud anónima amparada bajo cinco letras.

Aquella tarde de primavera, la casualidad decidió jugar una partida de ajedrez maquiavélica en la recepción de un hotel céntrico.

La señora Gómez —uruguaya, de paso por la ciudad— había llegado temprano el día anterior. Como su habitación individual no estaba lista, en recepción le ofrecieron pasar la primera noche en una suite matrimonial de la tercera planta, la 3217. A la mañana siguiente, la mujer mudó sus valijas a la 1013, su habitación definitiva. La 3217 quedó libre solo por un par de horas: pasado el mediodía, un matrimonio recién llegado —casualmente, el señor y la señora Gómez— ocupó esa misma suite.

Error y Culpas? (1)

 (algunos dirán que es cuento.... otros, "anécdota")     

 

En colaboración con Martino Núñez (el ñuñi) buen amigo, GRAN COLEGA HOTELERO, un escritor sublime (y el muy pavo no quiere darse a conocer), un cantor PÉSIMO (sorry ñuñi...alguien tiene que decírtelo)... y sobre todas las cosas...UNA GRAN PERSONA.

 

 

El despertador de las siete

Hay mañanas en las que el destino parece armarse con fichas de dominó: basta que caiga la primera para que todo lo demás se desmorone a tumba abierta.

Martín tenía a las once de la mañana, en Rosario, la entrevista que venía persiguiendo hacía tres años. La oportunidad que lo sacaría a flote. Santa Fe lo despedía con una noche fría de hotel y una planificación milimétrica de esas que solo hacen los obsesivos del reloj:

Calculó: hora y media de autopista, media hora para encontrar estacionamiento en el centro rosarino y otra media hora de margen "por cualquier inconveniente".

lunes, 19 de octubre de 2026

40 minutos...

 

La humedad del Paraná no te avisa, se te mete por la boca cuando respirás y te va enfriando el esternón de a poco, como una cucharada de helado de invierno.

A las siete de la tarde en Santa Fe, la noche ya es una chapa negra clavada sobre el cielo. Marcos se acomodó la campera de abrigo, una gris, gastada en los puños, y sopló sobre los nudillos antes de cerrar la planilla de Excel. No era tipo de quedarse a hacer horas extras, pero le habían tirado encima las liquidaciones complementarias y sabía que, si las dejaba para el otro día, la mañana le iba a pasar por encima.

lunes, 5 de octubre de 2026

La Joya de Analía...

 

Bajo la sombra espesa del monte misionero, verla frenaba el tiempo. Analía tenía esa belleza que rompía cualquier molde, marcada por un contraste difícil de olvidar: la piel canela, dorada por el sol de la siesta y teñida de la tierra roja; los pómulos marcados y una melena de rizos rubios ceniza que le caía sobre los hombros con gracia silvestre. Pero lo que atrapaba de verdad era la mirada: dos ojos rasgados, profundos —de un azul o un verde casi translúcido, dependiendo el tiempo— donde convivían el orgullo, la ingenuidad y una serenidad única.