miércoles, 18 de febrero de 2026

Crónicas de la Sejuela...

 

La gente mayor, usamos “FEIBU”, es así, es para muchos hasta adonde llegamos, es hasta quizá el ULTIMO FORTÍN DE TECNOLOGÍA AL CUAL NOS ATREVEMOS A ENFRENTARNOS diría (por más que algún/a progre incursione en otras redes, dependiendo el grado de exposición o el tiempo que se tenga).

Parece que fue “ayer nomas” que mi viejo o mi abuela me llamaban, con la cara desencajada como si estuvieran frente a una central nuclear, para pedirme que les enseñe como “se enciende el bendito aparato este” (una radio que lo único diferente que tenía era un botón para intercambiar entre AM y FM respectivamente, y yo no podía entender COMO NO PODÍAN comprender la simplicidad de aquel asunto.

Y es ahora, quizá producto de la misma “SEJUELA” que nos viene alcanzando a pasos agigantados (SE JUE LA juventú), o por mera nostalgia, muchas veces nos encontramos tratando de (paradójicamente hablando) encontrarnos con aquellos afectos, conocidos, amigos, de nuestra juventud pasada, o por qué no, de mero morbo nomas.

Y la realidad nos golpea mas que un puño de Tyson en pleno rostro…NO NOS CONOCEMOS MAS.

Pues más allá del “lógico paso del tiempo” que es innegable, inevitable, implacable, inmejorable, y tantos más “ables” como te sean posibles imaginar, ahora, para darnos una mano en esta lucha desigual contra el almanaque, contamos con la misericordiosa apatía de los filtros.

Esa tecnología que nos permite, con un simple deslizamiento del dedo, borrarnos las patas de gallo, devolvernos el brillo en los ojos y darnos esa lozanía que el tiempo se llevó sin pedir permiso, y que a veces nos ponen mucho mejor de lo que en realidad éramos. En el 'Feibu' todos somos un poco más jóvenes, un poco más tersos y, fundamentalmente, irreconocibles.

Y es así que nos encontramos con ese JOSE GARCÍA (NdE: “aclaro”, es un nombre ficticio, no lo busquen, ya los conozco a Uds.) cincuent/sesenton de piel bronceada sin arrugas, algunos kilos de más, y bastante mucho menos pelo, sin saber si el mentado es el famoso “PEPITO” de nuestra adolescencia-juventud, que portaba estoicamente sus pornocos en la cara (¿qué? ¿ahora se van a rasgar las vestiduras por el termino empleado? LAS COSAS COMO SON, o como eran en realidad) su delgadez, y su prima Eugenia que estaba más buena que comer Nesquik con la cuchara… (¿qué?, si me lo puedo imaginar a Pepe, también me la puedo imaginar a la Euge que estaba re buena.  ¡¡¡Sigan leyendo y dejen de criticarme todo che!!!)

Lo cierto es que el 'Feibu' es ese baile de máscaras digital donde todos somos un poco lo que fuimos y un poco lo que el algoritmo nos deja ser. Nos buscamos para ver si todavía estamos, para confirmar que el tiempo nos pasó por encima a todos, pero que (por suerte) todavía nos queda un resto de hilo en el carretel para reírnos de nuestra propia decrepitud.

 

Por eso, desde este humilde espacio, les pido, les ruego, les imploro (si es necesario me pongo de rodillas frente al monitor, aunque luego la ciática y mis propias rodillas, no me peritan incorporarme prontamente) que hagamos un pacto de caballeros y damas. Aunque más no sea por puro ensayo nostálgico, por una rebeldía de miércoles a la mañana después de un feriado largo, suban, aunque más no sea UNA SOLA FOTO de aquellos tiempos. Pero una de verdad, eh. Sin el 'cosmético digital', sin ese brillo artificial que nos deja la cara como un plato de loza, y sin recortar al de al lado porque salió con los ojos cerrados. Una foto de esas con los bordes gastados, donde se nos vea el flequillo indomable, la remera de algodón estirada y esa sonrisa de quien no tenía la más pálida idea de lo que era un algoritmo.

Hagámoslo para darnos un respiro entre tanta 'historia' que dura veinticuatro horas y tanto filtro que nos unifica las facciones como si hubiéramos salido de la misma fábrica de muñecos. Pongamos el retrato de lo que éramos en realidad, antes de que la tecnología nos convenciera de que envejecer es un pecado capital. Vamos a reconocernos, a encontrarnos en la mirada de ese pibe o esa piba que fuimos, para confirmar que (debajo de los achaques y los 'ables' de la vida) todavía somos los mismos que se rateaban del colegio o se quedaban mudos frente a la Euge. Total, qué tanto... si al final del día, el mejor espejo no es el que nos saca las arrugas, sino el que nos devuelve la memoria.

 

Ahora, si logro que algún joven me ayude a subir esto a mis propias redes, lo colocare con una foto mía de esa época, y si no, me quedare con las ganas de hacerlo, y trataré de acordarme para que catzo me había sentado yo frente a esta máquina….