-¿Y
cómo era? -pregunté.
-Deslumbrante. Voluptuosamente sensual, una combinación poderosa que evocaba la imagen de una belleza no solo física, sino también emocionalmente envolvente. La piel más pura que uno pudiera imaginar, tan clara que parecía casi etérea.
Sus ojos verdes, dos esmeraldas en pleno destello, penetraban mi alma como si pudieran leer mis más oscuros pensamientos. El cabello negro, ensortijado, le caía con una elegancia salvaje, casi rebelde. Y su sonrisa… su sonrisa era un arma oculta. Una curva perfecta que invitaba al deseo, pero con una peligrosidad que apenas podía percibirse. Había algo en su risa, un destello fugaz en sus ojos, como si supiera algo que yo aún no había entendido. Su sonrisa era la promesa de algo que no podía evitar, pero que sabía me llevaría a la perdición.La realidad, nene, es que si no existieran mujeres tentaciones como aquella, no
existirían hombres pecadores como yo. La tentación y el pecado se entrelazan,
como un juego peligroso que no se puede evitar.
Juan, 78 años... aun recordando cual fue el motivo de su divorcio... hace mas de 40 años...