Anoche, mientras el humo y el sabor del asado se mezclaba con el aire frío de la noche y las risas de amigos de la infancia llenaban los huecos de treinta años de ausencia, Javier soltó una bomba de esas que no hacen ruido, pero te dejan sordo un buen rato:
"De la nada no soy nada y, sin embargo, en la nada lo soy todo".
En ese momento, con el vino en la mano y la alegría de habernos reencontrado, solo asentí. Pero mientras manejaba de vuelta a casa por la ruta solitaria, con las luces de los autos viniendo de frente y el silencio de la cabina, la frase empezó a dar vueltas en mi cabeza como un motor que no quiere apagarse.
A mis 52 años, uno cree que ya lo tiene todo más o menos etiquetado. Pero esa frase me dio una bofetada de realidad. Y mientras me preparaba para el descanso necesario, y los elementos para venir a trabajar esta mañana, me surgieron algunos “pensamientos” al respecto, que son (como siempre) según mi propia interpretación o “percepción” de aquello, así que les comparto lo que saqué en limpio recién esta mañana…
A veces nos pasamos la vida intentando ser "algo". Somos el "Escritor", el "Padre", el "Dueño de", el "Ex”, el “compañero de secundaria". Si nos quitan eso, sentimos que somos nada. Esa es la primera parte de la frase: una verdadera dosis de humildad. Somos un suspiro en la historia del universo. Reconocer que "no soy nada" te quita una mochila pesadísima de encima; ya no tenés que demostrarle nada a nadie.
Pero lo que más me voló la cabeza fue lo de "en la nada lo soy todo". ¿Cómo puede ser? Piénsenlo así: cuando uno vacía el placard, es cuando tiene espacio para ropa nueva. Cuando uno se queda en silencio, es cuando finalmente puede escucharlo todo.
En la nada, no hay límites.
No hay expectativas.
No hay miedos al qué dirán.
Al no ser "alguien" en particular, te convertís en parte de todo lo que te rodea. Sos el fuego del asado, sos el camino de vuelta, sos la charla con el amigo que no veías hace décadas.
No hace falta ser un monje tibetano para usar esto. Para mí, aquello hoy significa que, si hoy algo me sale mal o alguien me critica, me voy a acordar que "no soy nada". Mi valor no depende de un aplauso o de un error. Quizá alguien con un poco mas de conocimiento o pensamiento del tipo filosófico pueda interpretarlo mejor, pero eso debería ser algo asi como aprender a soltar el ego. ¿no?
"En la nada lo soy todo" significa que cuando dejo de pensar en lo que me falta o en lo que fui, puedo ser plenamente lo que está pasando ahora. Si estoy tomando un café, soy yo…tomando ese café. Disfrutando el presente.
Si acepto que en el fondo somos ese vacío lleno de posibilidades, me animo a escribir cosas nuevas, a llamar a gente que extraño, a empezar de cero si hace falta. (Libertad total)
Agradecido por haber compartido aquel asado, pero sobre todo gracias por recordarme que, a veces, para serlo todo, primero hay que animarse a no ser nada.
¿Les ha pasado alguna vez sentirse así de pequeños y, a la vez, tan inmensos?