¿Qué nos pasa cuando nos hallamos frente a la belleza abrumadora de una persona, o ante lo que consideramos una belleza extrema?
Esa sensación es tan compleja que una sola palabra a veces se queda corta, pero dependiendo de qué cuerda toque en uno, existen distintas formas de definirla: desde el arrobamiento que nos deja suspendidos como frente a una obra de arte, hasta la conmoción física que acelera el pulso. Puede ser una epifanía, ese instante místico donde la luz parece estar en su lugar, o incluso ese stendhalismo que nos marea ante lo extraordinario.