domingo, 26 de julio de 2026

Entre la aprobacion y al certeza...

 Sobre la necesidad de ser leído y la búsqueda de una voz propia

A veces me descubro mirando la pantalla esperando que alguien me diga que lo que escribí vale la pena, y me pregunto por qué me pesa tanto esa mirada ajena. Al final, es una paradoja extraña: escribo en el silencio y en la intimidad más absoluta, pero en cuanto pongo el punto final, nace un deseo desesperado de salir a mostrarlo y buscar aprobación.

Si soy sincero conmigo mismo, sé de dónde viene ese tirón:

La necesidad de validar mi propia voz... Escribir no es solo juntar palabras; es desnudar mi forma de ver el mundo, mis recuerdos y mi sensibilidad. Cuando busco que el otro celebre o apruebe lo que escribo, en el fondo no busco un aplauso hueco: busco que me confirmen que mi mirada cuenta, que mi historia resuena y que lo que tengo para decir no cae en el vacío.

Es la necesidad de conectar y no sentirme solo. Ningún relato existe del todo si se queda encerrado en mi cabeza. Buscar la aprobación es, quizás, la forma torpe en la que llamo a algo más profundo: el deseo de tender un puente. Si mi historia emociona a alguien más, si el otro valida lo que cuento, se rompe la soledad. Me demuestra que lo que me conmueve a mí también le llega a los demás.

Es el contrapeso a mi propio juez interno. Reconozco que la mirada de afuera se me vuelve urgente cuando mi propio crítico interior se pone demasiado duro. Cuando yo mismo dudo del valor de lo que hago, me agarro de la aprobación ajena como un salvavidas que viene a decirme: "Tranquilo, esto que hiciste vale la pena".

La tensión entre mi honestidad y el agradar. Quiero ser fiel a mi voz, a mis convicciones y a la verdad de la historia... pero también quiero que me lean y me quieran. Y ahí es donde tengo que tener cuidado: no puedo permitir que el deseo de complacer empiece a moldear mi pluma, porque terminaría escribiendo lo que los demás quieren escuchar en lugar de lo que la historia me pide a gritos.

La aprobación de afuera es un lindo mimo al ego y una señal de que el mensaje llegó, pero jamás va a reemplazar esa certeza íntima y silenciosa de haber sido honesto con la página en blanco.

La clave para mí no es obligarme a que me de igual lo que piensen los demás, sino dejar que su visto bueno sea solo una linda consecuencia de mi trabajo, y no la brújula que guíe lo que escribo.

                       ERGO.