El pasado 13 de enero, las redes sociales y los medios se inundaron de lazos azules y mensajes de apoyo por el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión. Es necesario, sí. Pero la realidad es que la depresión no entiende de efemérides ni de horarios de oficina.
Para quienes conviven con este trastorno, la batalla no es un evento anual; es un pulso diario, silencioso y, a menudo, agotador.