Hacia un poco más de 10 minutos
me encontraba en aquella sala de espera. Solemos ser muy puntuales (ambos),
ella, llegada la hora, abrirá la puerta de su consultorio y me llamará por mi
nombre de pila. Yo, seguramente, dejare la revista tomada arriba de la mesa, y
me dirigiré con una sonrisa a su encuentro, una rutina que venimos cumpliendo
desde los últimos tres años a esta fecha todos los jueves, cada 15 días.
El olor de la malta o
cebada cocinando en la cervecería de Calchines, se cuela en el ambiente,
dándole una particular esencia al lugar.