miércoles, 28 de enero de 2026

Regar las plantas

Dicen que regar las plantas es el mejor ansiolítico.
Conectar con la naturaleza, acariciar las flores con la fina lluvia desprendida por la manguera, ver el brillo de los pétalos y llenarse los pulmones con ese olor a tierra mojada.
Una verdadera maravilla de la creación.

jueves, 22 de enero de 2026

La Modista de los Galpones

 

El vapor del mate se mezclaba con la luz mansa de la tarde en su cocina. Mi tía, con sus noventa años a cuestas y la lucidez de quien ha guardado cada recuerdo en un cofre de seda, me miró por encima del borde del mate. Hablábamos de lo que falta, de lo que el tiempo nos quitó o, mejor dicho, de lo que nunca nos dio.

miércoles, 21 de enero de 2026

La lucha no se detiene cuando pasa el calendario...

 El pasado 13 de enero, las redes sociales y los medios se inundaron de lazos azules y mensajes de apoyo por el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión. Es necesario, sí. Pero la realidad es que la depresión no entiende de efemérides ni de horarios de oficina.

Para quienes conviven con este trastorno, la batalla no es un evento anual; es un pulso diario, silencioso y, a menudo, agotador.

lunes, 19 de enero de 2026

Filosofía de Sobremesa...

 Tengo un espacio en este blog al que llamo PSEUDOFILOSOFIA. Pero ¿qué es la pseudofilosofia? ese pensamiento que te surge y dijiste, un domingo a la siesta, en una sobremesa extendida, con el tío Pedro, vino blanco mediante, y te dejo pensando:

- Wowww... acabo de decir una genialidad tan profunda, o una estupidez tan grande... (porque el límite entre la genialidad y la imbecilidad es, a mi propio criterio, una gillete acostada (el filo de una hoja, para aquellas generaciones que no saben que era una gillete)).

sábado, 17 de enero de 2026

Crónica de Sangre en el Espinal...

 Hacia fines del siglo XIX, lo que hoy conocemos como Villa Laura era un mapa de silencios. Allí donde la pampa empieza a ondularse para dejarse ganar por el Espinal, el paisaje era una red de ñandubayes retorcidos y espinillos que, en enero, perfumaban el aire con un aroma dulce y pesado. Eran los años en que el viejo mundo de los gauchos empezaba a deshilacharse: el monte, antes infinito, se rendía ante el avance del alambrado, y el silencio de siglos comenzaba a ser herido por el silbato lejano de la locomotora.