Esta mañana un conocido me saluda con un:
¡QUE TRAGEDIA! (al verme vestido con mi uniforme de trabajo), mi respuesta rápida fue:
-No sabes lo que me quema el lomo este saco- y la charla quedó ahí.
Esta mañana un conocido me saluda con un:
¡QUE TRAGEDIA! (al verme vestido con mi uniforme de trabajo), mi respuesta rápida fue:
-No sabes lo que me quema el lomo este saco- y la charla quedó ahí.
Dicen que regar las plantas es el mejor ansiolítico.
Conectar con la naturaleza, acariciar las flores con la fina lluvia desprendida
por la manguera, ver el brillo de los pétalos y llenarse los pulmones con ese
olor a tierra mojada. Una
verdadera maravilla de la creación.
El vapor del mate se mezclaba con la luz mansa de la tarde en su cocina. Mi tía, con sus noventa años a cuestas y la lucidez de quien ha guardado cada recuerdo en un cofre de seda, me miró por encima del borde del mate. Hablábamos de lo que falta, de lo que el tiempo nos quitó o, mejor dicho, de lo que nunca nos dio.
El pasado 13 de enero, las redes sociales y los medios se inundaron de lazos azules y mensajes de apoyo por el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión. Es necesario, sí. Pero la realidad es que la depresión no entiende de efemérides ni de horarios de oficina.
Para quienes conviven con este trastorno, la batalla no es un evento anual; es un pulso diario, silencioso y, a menudo, agotador.
Tengo un espacio en este blog al que llamo PSEUDOFILOSOFIA. Pero ¿qué es la pseudofilosofia? ese pensamiento que te surge y dijiste, un domingo a la siesta, en una sobremesa extendida, con el tío Pedro, vino blanco mediante, y te dejo pensando:
- Wowww... acabo de decir una genialidad tan profunda, o una estupidez tan grande... (porque el límite entre la genialidad y la imbecilidad es, a mi propio criterio, una gillete acostada (el filo de una hoja, para aquellas generaciones que no saben que era una gillete)).