viernes, 9 de enero de 2026

Memorias de antiguas yerras...

 Todavía no clareaba del todo cuando el campo empezaba a desperezarse. El fresco de la mañana se metía por entre las mangas cortas y uno aprendía temprano a no quejarse. Yo andaba chico, con las rodillas raspadas de tanto chivear y el pelo revuelto, mirando a los grandes como si supieran secretos importantes que no estaban hechos para mí. El olor a bosta fresca y a pasto húmedo era parte del aire, como si siempre hubiera estado ahí.