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martes, 3 de noviembre de 2026

Cosas para mi...



Hay una soledad particular que no tiene nada que ver con estar solo en una habitación. Es esa soledad que se mete entre dos personas que comparten el mismo techo, la misma mesa y los años.

Se siente como un nudo apretado en la boca del estómago. Una mezcla amarga de gratitud y desencanto. Porque no es fácil soltar cuando sabés que del otro lado hay alguien noble, alguien que estuvo firme en la tormenta más oscura y te sostuvo la mano cuando el mundo se te venía abajo. Eso se guarda y se respeta.

Pero el problema es el día a día. El problema es descubrir, con el tiempo, que la independencia feroz del otro terminó convertida en una muralla donde tus necesidades no entran. 

Duele que te marquen de que sos apenas un visitante en la propia casa. Duele que el único fin de semana de descanso sea un silencio largo en una casa vacía. Duele un cumpleaños en soledad, el secreto guardado y tener que enterarse por otros, y la certeza masticada de que tus sentimientos no alcanzan para mover una sola ficha del tablero ajeno.

Es la angustia de estar remando un bote solo, sabiendo que el otro decide no cambiar ni por vos ni por nadie, mientras las ganas de estar bien se van ahogando en la resignación. 

No es enojo ciego; es el cansancio profundo de quien dio, esperó, entendió y perdonó, hasta quedarse sin aire....

Que día de mierda....  

 

 

 



 

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