Resulta una tragedia silenciosa cuando la arquitectura de una confianza ciega se desploma no por un accidente, sino por la omisión deliberada de la verdad. A veces, la generosidad de quien entrega un espacio privilegiado en su vida es recibida con una incapacidad crónica para habitarlo con honestidad. Cuando alguien tiene la oportunidad de limpiar el terreno mediante la transparencia y decide, en cambio, guardar silencio ante una verdad que ya es conocida, altera inevitablemente la composición química de quien le rodea.
